Los expertos abogan por la formación del profesorado para afrontar la violencia en las aulas
Reforzar la formación del profesorado para afrontar las nuevas situaciones, así como fomentar la tutoría y la relación entre los colegios y los padres son algunas de las medidas para combatir la violencia en las escuelas, una tarea que requiere de intervenciones "globales" en lugar de "medidas paliativas".
Estas son algunas de las conclusiones del congreso "La convivencia en las aulas: problemas y soluciones" que, organizado por el Instituto Superior de Formación del Profesorado del Ministerio de Educación y Ciencia, ha reunido durante tres días a expertos en esta materia.
Según señalan las conclusiones del simposio, "ni la medidas ocasionales, ni los modelos punitivos, ni el tratamiento puramente reglamentista" sirven para tratar la violencia en las aulas, un problema que requiere de proyectos educativos que establezcan normas de convivencia elaboradas por todos los sectores de la comunidad y que deberán ser respetadas por todos sus miembros.
Para ello, reclaman una "amplia autonomía de organización y funcionamiento" de los centros, así como un modelo global de coordinación de recursos en el que familias, profesores, alumnos, servicios de inspección e, incluso especialistas, ayuden a los profesores como educadores sociales.
Antes de participar en la mesa redonda "La formación del profesorado", la inspectora del País Vasco Nélida Zaitegui reclamó un cambio de creencias en el profesorado para ajustarse a su nuevo rol así como "nuevas competencias" para afrontar la comunicación en las aulas.
En declaraciones a EFE, Zaitegui señaló que los profesores han dejado de ser "trasmisores de conocimiento", ya que el saber puede adquirirse por otros medios, para convertirse en guías de cómo estructurar ese conocimiento y "sobre todo deben de ser maestros de humanidad".
A su juicio, el reto más importante que debe abordar la sociedad multicultural en la que vivimos es "la interculturalidad, entender que vivimos juntos en igualdad de derechos y que esto sea algo real, no solo un discurso políticamente correcto".
Reconoció que la muerte de Jokin en Fuenterrabía el pasado año víctima de un presunto acoso de un grupo de compañeros ha supuesto un "mazazo", pero también un "revulsivo" que ha provocado que todos los centros de enseñanza del País Vasco reflexionen sobre el "builling", un problema "que ha existido siempre pero hacia el que ahora tenemos más sensibilidad".
También incidió en la situación del profesorado la catedrática de Psicología de la Educación María Jose Díaz Aguado, quien pidió ayuda y medios para los profesores que en muchas ocasiones son también víctimas del acoso, un tema sobre el que apenas hay estudios.
La psicóloga pidió medios para que los profesores puedan adaptarse y ejerzan su tarea en condiciones diferentes a las de hace unos años, un cometido para el que la Universidad no les ha preparado, señaló.
Para ello solicitó tiempo para que puedan implicarse en procesos de innovación educativa, de formación continua o para cooperar más con las familias.
Díaz Aguado señaló que el agresor escolar es más sexista, justifica la violencia, su razonamiento moral es más primitivo, define la justicia como venganza y padece inmadurez moral, mientras sus compañeros les perciben como arrogantes pero que se sienten fracasados.
"Son prepotentes con pies de barro y donde se producen con más frecuencia es en segundo y tercero de la ESO", explicó.
Como solución abogó por métodos de enseñanza cooperativa que mejoren vida en las aulas, como por ejemplo, convertirles en expertos contra la violencia escolar y encomendarles la elaboración de un decálogo para erradicarla.
En esta labor son "extraordinariamente lúcidos y denuncian que dejan solas a las víctimas, que no piden ayuda a los profesores y deciden que es un problema en el que todos participamos aunque sea por pasividad", señaló .
También destacó la contradicción que existe entre valores que se fomentan a los niños como "si te pegan, pega", un consejo contrario a la sociedad de derecho de los adultos donde no se toma la justicia por su mano sino que existen instituciones encargadas de proteger a las víctimas.
Fuente: EFE











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