Con la crisis como excusa estamos viendo como el profesorado pierde uno de sus logros históricos. Los centros del profesorado no pertenecen a la administración educativa ni a los gobiernos de turno: son una propiedad del profesorado para gestionar su propio desarrollo profesional. Por eso sus equipos directivos y su personal son docentes y por eso su implantación intenta cubrir el mayor territorio posible: desde el principio se buscó la cercanía a los centros y a los docentes, la inserción en el territorio, la conexión con la realidad en toda su riqueza y complejidad.
Ahora, sin embargo, tomando la crisis como argumento, se los elimina sin que medie un estudio serio sobre su eficacia y, en algunos casos, se insulta al profesorado que ahí trabaja llamándole "adoctrinador". Con esos argumentos, se cerrarán los centros del profesorado de Castilla-La Mancha como se cerraron los madrileños y, mucho me temo, como se cerrarán muchos más por todo el país.
Sin embargo, pensar que un docente acudirá, por ejemplo, a Toledo desde Albacete para una sesión formativa es un absurdo. Entre otras cosas esto no ocurrirá porque el tiempo del profesorado es limitado, la distancia es grande y las razones, probablemente, escasas: un centro del profesorado no se convierte en un "centro de relevancia y de prestigio" para el profesorado simplemente porque se le impongan las manos al equipo asesor; eso, como todo en la vida, hay que ganárselo con tiempo y con esfuerzo. No es cuestión de invitar a los mejores ponentes; un centro eficaz es aquel que aporte soluciones realistas a los distintos problemas que existen en un centro educativo y aquel que ofrece al profesorado vías de desarrollo profesional dentro de sus propios contextos laborales.
Por otro lado, pensar que otras instituciones públicas o privadas son las que deben realizar la tarea de los CEP es tirar a la basura la experiencia de los CEP para invocar a otros "expertos" que, hasta la fecha, no constan en el panorama de la formación permanente del profesorado en España. ¿Dónde están las "instituciones privadas" que ocuparán el espacio de los CEP?¿Cuáles son?¿Cómo trabajan? Y, en la situación que estamos, ¿cuánto cuestan?¿Son más baratas que los CEP? Y entre las públicas, si se piensa en la Universidad, que es donde uno trabaja, se pueden augurar situaciones curiosas entre dos castas de profesorado que simplemente se desprecian la una a la otra, muchas veces con razón por ambas partes.
Si se piensa en las TIC como una solución, tenemos al menos dos problemas: la propia competencia digital del profesorado y la incidencia real de la formación on-line en el aula. Personalmente desconfío de la segunda y me gustaría que la competencia digital del profesorado fuera más alta, pero no lo es en todos los casos. Tanto el Ministerio como las autonomías (normalmente a través de los CEP) han experimentado con la formación on-line y tengo una poderosa sensación de que los resultados - en términos absolutos - son discretos. Obviamente hemos avanzado mucho y tenemos grandes docentes TIC - solo hay que mirar a nuestro alrededor - pero por ahora no está ahí la solución para la formación del profesorado.
Por último, en el caso de los centros el problema es distinto: depender de un "coordinador de formación" o de un "departamento de formación" implica dar a esa persona o a ese grupo de personas el tiempo necesario para su propia formación. ¿Cómo se espera que ese coordinador o departamento de formación se encargue de la formación del centro sin conocimiento de causa?¿Ha de ser un simple transmisor vertical de las políticas del centro regional?¿O ha de promover la búsqueda de soluciones particulares a los problemas concretos de su centro? Si es un transmisor, no vale de nada: que se encargue la dirección; si debe ser un agente activo, hay que liberar parte de su tiempo de docencia para que se forme y esté al día de por donde avanza la investigación y la innovación educativa en relación con un entorno tan complejo como un centro educativo (relaciones interpersonales, distintas materias, evaluación, etc.): es decir, necesitaríamos un asesor o una asesora.
En fin, asumo que la decisión de acabar con los Centros del Profesorado ya está tomada y no se puede cambiar. Cuando se toman decisiones desde los prejuicios es muy difícil dar marcha atrás, porque los prejuicios tienden a agarrarse al estómago del enjuiciador y no es fácil arrancarlos. Una auténtica catarsis sería necesaria y no la preveo en los próximos años.
De todos modos, como me gusta jugar en positivo, hago mi propuesta: cámbiese el modelo de funcionamiento de los CEP pero manténgase la red. Invítese a los asesores y asesoras a leer mucho, a dialogar mucho con el profesorado, a volver en ocasiones al aula para probar teorías y propuestas y, sobre todo, a acompañar al profesorado en su desarrollo profesional.
Por otro lado, olvídense de expertos y no organicen más cursos ni jornadas ni congresos - de cuya eficacia desconfío absolutamente. No realicen macroeventos para cientos de docentes pero permitan que los asesores y asesoras entren en el cuerpo a cuerpo. Dejemos de una vez de hablar de formación del profesorado y empecemos a hablar de desarrollo profesional del profesorado acompañado (o incluso mediado) por asesores y asesoras que conozcan tanto el aula como la investigación y la innovación que se genera en la escuela, la universidad y otros entornos.
Este podría ser el camino de futuro para los CEP. No, evidentemente, porque yo lo diga, sino porque muchos CEP estaban ya realizando este camino y obteniendo resultados. Podría hablar de muchos centros del profesorado por toda España que han sometido a revisión su modelo de trabajo y de muchos asesores y asesoras que han asumido con profesionalidad el reto de ayudar a sus compañeros y compañeras.
Pero no, no seguiré escribiendo. Quizás mejor que leerme a mí, al fin y al cabo un simple profesor de universidad, mejor será escuchar a alguien que ha pensado mucho sobre su CEP y sobre los CEP en general. Aquí te dejo con Manuel Mellado, director del CEP de Marbella-Coín. ¡Queda abierto el debate!