Había una vez un pequeño planeta gris que estaba muy triste. La gente que vivía allí
no lo había cuidado, a pesar de que contaban con todos los inventos y naves espaciales
que pudieran necesitar. Habían contaminado todos sus campos, ríos, mares y montañas
con tanta basura que la contaminación había hecho desaparecer todas sus plantas y
animales.
Un día, un grupo de niños y niñas que paseaban aburridos por el desolado planeta, encontraron
en un pequeña cueva perdida una flor roja y se quedaron asombrados ya que
hacia mucho tiempo que habían desaparecido y las que habían visto estaban dibujadas
o fotografiadas en los libros de historia antigua. La flor estaba muy enferma, casi a punto de
morir, por lo que entre todos cuidadosamente excavaron bajo la flor, hasta llegar a sus raíces,
y la levantaron del suelo cuidadosamente con toda la tierra que la rodeaba.
Entonces,
se pusieron a buscar un lugar donde poder cuidarla. Buscaron por todos los lugares, pero
todo el planeta estaba tan contaminado que no había lugar donde la flor pudiera sobrevivir.
Luego miraron al cielo y vieron la segunda de sus lunas (porque tenían dos). La más lejana
que era a la que viajarían y otra que al igual que su planeta, se había contaminado y secado.
Viéndola pensaron que tal vez, allí tan lejos la pequeña planta podría sobrevivir.

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